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FALANGE ESPAÑOLA TRADICIONALISTA Y DE LAS JONS

JOSÉ MILLÁN ASTRAY

JOSÉ MILLÁN ASTRAY

José Millán-Astray y Terreros nace en La Coruña el 5 de julio de 1879, hijo de José Millán Astray (de quien tomará, uniéndolos, ambos apellidos) y de Pilar Terreros Segade. El padre, abogado de profesión y con aficiones literarias, obliga al joven José a estudiar Derecho, si bien éste aspiraba a ser militar, lo que finalmente hará.

Ingresa el 30 de agosto de 1894 en la Academia de Infantería de Toledo donde sigue el programa de estudios abreviado dispuesto por el Gobierno para atender las necesidades de oficiales de los conflictos de Ultramar (Cuba y Filipinas), graduándose con apenas diecisiete años como teniente segundo y sirviendo después en un regimiento de infantería de Madrid. El 1 de septiembre de 1896 ingresa en la Escuela Superior de Guerra, en la que interrumpe sus estudios para incorporarse voluntario a un batallón expedicionario que zarpa para Filipinas. Durante su estancia en la Isla se distingue por su valor, especialmente por su actuación en la defensa, con apenas diecisiete años, de la población de San Rafael con treinta hombres contra un número muy superior de rebeldes.


A su regreso a España reingresa en la Escuela de Guerra obteniendo el Diploma de Estado Mayor.


Interesado en crear un cuerpo de voluntarios extranjeros a semejanza de la Legión Extranjera francesa, va a Argelia a estudiar in situ el funcionamiento de dicho cuerpo del ejército francés. Crea después el llamado Tercio de Extranjeros, siendo su primer teniente coronel jefe y contando con la colaboración de Francisco Franco. Haría famosos los lemas "¡Viva la Muerte!" y "¡A mí la Legión!". También actúa como director de la Oficina de Radio, Prensa y Propaganda del Cuerpo de Mutilados de Guerra.


En la Guerra Civil Española participa en el bando nacional, siendo célebre el altercado que mantuvo con Miguel de Unamuno el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, al que habían asistido diversas personalidades con motivo de la celebración de la Fiesta de la Raza (lo que hoy es el Día de la Hispanidad, aniversario del descubrimiento de América): el arzobispo de Salamanca Enrique Pla y Deniel, el gobernador civil, Carmen Polo Martínez-Valdés (esposa de Franco) y el propio Millán-Astray. Lo que sucedió, según cuenta en su magna obra La guerra civil española el hispanista inglés Hugh Thomas, es lo siguiente: el profesor Francisco Maldonado, tras las formalidades iniciales y un apasionado discurso de José María Pemán, pronuncia un discurso en que ataca violentamente a Cataluña y al País Vasco, calificando a estas regiones como "cánceres en el cuerpo de la nación. el fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos." Alguien grita entonces, desde algún lugar del paraninfo, el famoso lema "¡Viva la muerte!". Millán-Astray responde con los gritos con que habitualmente se excitaba al pueblo: "¡España!"; "¡Una!", responden los asistentes; "¡España!", vuelve a exclamar Millán-Astray; "¡Grande!", replica el auditorio; "¡España!", finaliza el general; "¡Libre!", concluyen los congregados. Después un grupo de falangistas ataviados con la camisa azul de Falange hacen el saludo brazo en alto, al retrato de Franco que colgaba en la pared. Unamuno, que presidía la mesa, se levanta lentamente y dice: "Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo -Unamuno señala al arzobispo de Salamanca-, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!" y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor." En ese momento Millán-Astray exclama irritado "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!", aclamado por los falangistas. El escritor José María Pemán, en un intento de calmar los ánimos, aclara: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno, sin amedrentarse, continúa: "Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho." Millán-Astray, controlándose, grita: "¡Coja el brazo de la señora!" y Unamuno, haciéndole caso, se coge del brazo de Carmen Polo de Franco y abandona el recinto.


Tras el final de la contienda, Millán-Astray actuará como jefe de Prensa y Propaganda del nuevo régimen.


Hombre de vasta cultura, era un apasionado de la poesía japonesa y tradujo el Bushido. Fundó, en colaboración con periodistas y escritores como Ruiz Albéniz, Dionisio Ridruejo y Giménez Caballero, Radio Nacional de España, la radio oficial del bando nacional. Como conferenciante y comentarista radiofónico durante la Cruzada contra la barbarie roja, fue uno de los instigadores de la subida de Franco a la Jefatura del Estado del gobierno de Burgos. Fallece, enfermo del corazón, el 1 de enero de 1954, en Madrid, siendo Director General del Benemérito Cuerpo de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria. Descansa en el Cementerio de la Almudena, con el siguiente epitafio: MILLAN ASTRAY: LEGIONARIO


 

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